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jueves, 3 de diciembre de 2009

La Rosa de la Alhambra

A Sandra, reina de la Alhambra. Tu palacio espera impaciente tu llegada a Granada. Gracias por dejarme ilustrar la entrada con una de tus fotos.

Tras la conquista del último reino musulmán hispano la hermosa Alhambra fue cayendo en el olvido. Aquellos que durante siglos moraron en ella la abandonaron, bien porque preferían un futuro mejor, bien porque fueron obligados.

La torre de las Infantas en la que vivieron Zaida, Zoraida y Zorahaida, quedó vacía y sólo pequeños animales se atrevían a entrar, pues corría el rumor de que el espíritu de la última de las hermanas todavía moraba allí y de vez en cuando hacía sonar su laúd de plata.

El tiempo pasó y la dinastía de los Austrias dio pasó a la de los Borbones. Sabido es por muchos, que Felipe V, primer monarca de esta casa, se casó en segundas nupcias con la princesa Isabel de Parma.

Quiso el destino que Granada fuera una de las ciudades que recibió al fastuoso cortejo en el que viajaba un joven paje llamado Ruiz de Alarcón, que además de contarse entre los favoritos de la reina, era el guardián de su ave preferida.

Un día paseaba por el Generalife en compañía del milano cuando de pronto este se lanzó a por un ruiseñor, mas el pequeño pájaro consiguió escapar y se introdujo en la torre, seguido de la rapaz.

Mil veces maldijo el paje al maldito animal pues ahora tendría que encontrar la manera de poder entrar en aquel lugar: cuando llegó ante la puerta y observó por la cerradura, descubrió con sorpresa que la torre parecía estar habitada. Llamó con suavidad y creyó ver cómo una joven se asomaba por un ventanuco. Esperó a que abrieran pero nada ocurrió y comenzó a pensar que la muchacha podría tratarse de una de aquellas princesas de las que hablaban las leyendas.

Llamó una segunda vez y tras una breve pausa, la misma joven se volvió a asomar. Ruiz de Alarcón comenzó a hablar con ella e intentó hacerla bajar, pero esta advertida por su vigilante tía, de que no debía tratar con caballeros, se negó en rotundo. El paje le explicó con astutas palabras qué hacía allí y consiguió convencerla de que si no recuperaba el milano, la reina le castigaría.

Conmovida por sus palabras, la muchacha, de nombre Jacinta, abrió las puertas de la estancia: si Ruiz de Alarcón se había quedado prendado de su rostro, al contemplarla por entero cayó enamorado por completo.

Una vez dentro marchó a por el animal mientras la joven esperaba sentada en una fuente situada en el centro de la habitación. La casualidad hizo que perdiera su pañuelo y antes de que pudiera recogerlo, el paje se lo ofreció: cuando se lo iba a entregar, le dio un apasionado beso en la mano, que hizo que Jacinta se ruborizara.

Durante un tiempo conversaron hasta que la joven oyó llegar a su estricta tía y obligó al muchacho a marchar. Este afirmó que no se movería de donde estaba hasta que no recibiera la rosa que ella llevaba en su pelo: sin vacilar se la dio y él marchó llevando consigo el corazón de la muchacha. Cuando llegó su tía Fredegunda y preguntó por qué había tanto desorden recibió como respuesta que un milano había perseguido a su ruiseñor por toda la habitación.

Cierto tiempo estuvo la corte en Granada mas Felipe V interrumpió su estancia sin explicación. Fredegunda vio partir las largas columnas de gente pero cuando volvía a la torre, descubrió que su sobrina hablaba con un joven, que marchó en cuanto escuchó sus pasos. La mujer que nada sabía de esto pronto conoció toda la historia por boca de la apenada Jacinta, que lamentaba no volver a ver jamás a su paje.

Pasaron los meses y la pobre muchacha se sumió en un terrible estado de melancolía. Su tía ya le había advertido de que no debía fiarse de los varones, y muchos menos, enamorarse. Una noche de verano, cuando todos dormían, la joven se sentó en la fuente donde recibió el beso de Ruiz de Alarcón y sus juramentos de fidelidad eterna, y comenzó a llorar: repentinamente sus aguas se agitaron y de ellas surgió la figura de una hermosa joven ricamente vestida con ropas moras.

Tan aterrada estaba Jacinta que huyó y no volvió al salón en toda la noche. A la mañana siguiente, contó su historia a su tía quien le dijo que todo sería producto de su imaginación pues habría estado pensando en la historia de las tres princesas. La buena mujer se la narró y le reveló que era descendiente del caballero cristiano que amaba a Zorahaida.

Sin embargo tan convencida estaba de que aquella aparición era real, que decidió regresar esa noche a la fuente. Una vez más las aguas se volvieron a agitar y de ellas apareció la misma figura: se trataba del espíritu de la joven Zorahaida, que no podía descansar en paz pues había abandonado a su amado y aunque en el fondo de su corazón se sentía cristiana, le habían faltado las fuerzas para confirmar su fe y su amor. La princesa le reveló que sólo se salvaría si un cristiano de corazón puro la bautizaba y le pidió a ella que le ayudara. Sin dudar lo hizo: Zorahaida sonrió con dulzura, dejó caer su laúd de plata y por fin descansó.

Aunque apenas pudo dormir y todo le pareció un sueño, Jacinta comprobó que lo había vivido era verdad al ver el laúd. Corrió a contarle la historia a su tía, y si tenía alguna duda, pronto se disipó al escuchar el mágico instrumento. De aquel día en adelante comenzó a correr la voz por Granada de que en la Alhambra había una joven capaz de conmover al más duro con la música de un laúd y poco tiempo después su fama se extendió por toda Andalucía.

Mientras en la corte, Felipe V sufría imaginarias enfermedades que sólo tenían curación gracias a la música: el famoso Farinelli fue un remedio eficaz al principio, pero el rey volvió a empeorar y ni siquiera el conocido castrati pudo ayudar al monarca.

A oídos de la reina llegó la noticia de que en Andalucía había una joven trovadora que tenía encandilado a todo aquel territorio y que era conocida como la Rosa de la Alhambra.

En la fastuosa morada de los reyes se presentó la muchacha y a una oscura sala fue conducida. En ella había un ataúd en el que estaba tumbado el rey como si de un cadáver se tratase: la Rosa comenzó a tañer y tan pronto como la mágica melodía llegó a oídos del Borbón, este se levantó y pidió una espada.

Al acabar su actuación la Rosa de la Alhambra dejó caer su laúd: ante ella estaba su amado, que no había podido regresar a Granada porque su padre no le permitía contraer matrimonio con alguien de condición social más baja, pero las palabras de la reina bastaron para convencerle de que debía permitir el casamiento.

Así pues, Ruiz de Alarcón y Jacinta celebraron su boda. Según cuentan el laúd permaneció durante un tiempo en la nueva familia, pero Farinelli celoso de la fama que había perdido lo robó y lo llevó a Italia. A su muerte, el mágico instrumento cayó en otras manos que desconocían su poder y colocaron sus cuerdas en un viejo violín de Cremona…

Dejad que os cuente un secreto. Ese viejo violín que durante mucho tiempo embelesó al mundo entero no es otro que el del compositor Paganini!!! Mas ahora os pido un favor…no se lo contéis a nadie pues de vosotros depende que ese instrumento siga existiendo.

jueves, 22 de octubre de 2009

Las tres princesas de la Alhambra


A Sandra, que el martes pasado cumplió 24 años y que además me ha permitido poner una de sus fotos para ilustrar la entrada, y al escritor romántico Washington Irving, por incluir esta historia en sus Cuentos de la Alhambra y dejarlos para la posteridad.

Posesión preciada de unos, ambición deseada de otros...la hermosa ciudad de Granada no deja indiferente a nadie. Pasear por sus calles es volver a un pasado cargado de historia, un pasado íntimamente ligado a los árabes...

Muchos son los monumentos que alberga, pero sin duda, hay uno que resalta por su magnificencia...aquel que un atardecer tras otro al caer el sol se tiñe de rojo: el palacio de la Alhambra.

¿Quién no ha oído hablar del Patio de los Leones, de la Sala de las Dos Hermanas o de los jardines del Generalife? ¿Cuántos han paseado por su interior y han intentado imaginar a los protagonistas de las muchas leyendas que aquí han sucedido?

Una de estas historias es la que hoy pretendo contar...

Hace mucho tiempo, cuando los musulmanes todavía dominaban los territorios conocidos como Al - Andalus, vivía en la Alhambra un monarca de nombre Mohamed, al que sus súbditos conocían como "el Zurdo". Decían de él que no era muy diestro gobernando pues tres veces perdió el trono, pero también era un gran combatiente y tres veces lo recuperó. 

Un día, cuando realizaba una expedición por Sierra Elvira, observó a un grupo de guerreros que venían de hacer una incursión en tierras cristianas. Entre los muchos rehenes que habían tomado se encontraban una hermosa joven que lloraba desesperadamente y su anciana aya. Nada más verla, el rey quedó prendado de ella y como gobernante, exigió que le fuera entregada.

La llevó a la Alhambra y allí trató de hacerla su esposa, mas la muchacha se negó y continuó con sus lamentaciones. Viendo que de este modo no podría llegar a ella se acercó a su aya, una discreta mujer de la que no se recuerda su nombre cristiano, y logró convencerla para que hablara con su señora.

Aya y dueña discutieron durante largo tiempo y al final, la joven acabó aceptando la petición de matrimonio del rey por consejo de su amiga. Ambas se convirtieron al Islam y cambiaron sus nombres, pero sólo uno se recuerda, el de la nodriza, que pasó a ser conocida como Kadiga.

A los pocos años, la real pareja tuvo descendencia y de un mismo parto nacieron tres hermosas niñas: Zaida, Zoraida y Zorahaida. Como era costumbre entre los árabes, el monarca marchó a consultar a sus astrónomos, los cuales predijeron que el rey debería tener mucho cuidado cuando sus hijas llegaran a la edad casadera... Tras aquel nacimiento poco pudo hacer la reina por su esposo pues murió un tiempo después.

Cuando las niñas fueron algo más mayores, su padre decidió enviarlas al castillo de Salobreña donde quedaron a cargo de la discreta Kadiga y donde recibieron su educación. Zaida, la mayor, era la más atrevida, Zoraida, la mediana, era la más hermosa y Zorahaida, la más pequeña, era la más tímida y sensible.

El tiempo pasó y las niñas se convirtieron en tres bellas mujeres. Un día mientras la mayor estaba mirando por la ventana hacia el mar, llegó un barco de soldados que traían consigo a tres gallardos guerreros cristianos. Las jóvenes princesas se enamoraron al instante y su ánimo cambió por completo...

Cuando Kadiga se percató de lo que les ocurría envió un mensajero a la Alhambra y el monarca decidió que ya era hora de que volvieran a su lado. Poco antes de llegar a Granada, el cortejo se encontró con unos soldados que llevaban de rehenes a los tres muchachos cristianos. Todos los soldados se arrodillaron ante el paso de su señor a excepción de los guerreros, que casi estuvieron a punto de morir a manos del rey...pero sus hijas intervinieron y cambiaron una muerte casi segura por unos trabajos forzados cerca de la Alhambra.

Una vez en el palacio, el estado de las jóvenes empezó a empeorar con rapidez. Kadiga, conocedora de lo que les ocurría, tuvo una idea: marchó a donde estaban trabajando los jóvenes y convenció a Hussein Baba, su vigilante, de que les pusiera a trabajar cerca de la torre de las princesas.

A partir de aquello su ánimo volvió a cambiar y estuvieron felices durante mucho tiempo...pero un día, los chicos no acudieron al encuentro. Kadiga anunció a las princesas que habían sido rescatados por sus familias y habían regresado a su tierra.

Unos días después, la anciana aya se presentó indignada en la habitación de las tres chicas. Había tenido un encuentro en el que los tres guerreros le habían propuesto llevársela a ella y a sus enamoradas a tierras cristianas y casarse una vez hubieran llegado allí.

Una vez escucharon la noticia las tres accedieron sin pensarlo y convencieron a Kadiga para que marchara con ellas. La discreta mujer, que en principio se mostró reacia, acabó aceptando pues ella había nacido cristiana y además prometió a su señora que cuidaría de sus hijas hasta el fin de sus días. A ellos se unió Hussein Baba, pues también era cristiano de nacimiento y quería regresar a su hogar tras muchos años de ausencia.

Unas noches después los tres cristianos acudieron bajo el balcón de las princesas. Estas tiraron una escala para bajar: pronto estuvieron en tierra Zaida, Zoraida, Kadiga y Hussein. Y así llegó el turno de Zorahaida que estuvo titubeando un tiempo hasta que se decidió a poner un pie en la escala. Pero de nuevo le asaltó la duda y comenzó a pensar en cómo se sentiría su padre cuando sus hijas no estuvieran...finalmente volvió al interior de la torre, cortó las cuerdas y ordenó a sus hermanas que huyeran.

Aunque no querían abandonarla, Zaida y Zoraida se vieron obligadas a seguir la orden de su hermana menor. Tras unas horas de marcha el grupo estaba a punto de cruzar un puente que les llevaría a la libertad cuando descubrieron que la orden de alarma había sido dada. Buscaron un vado y cruzaron por un río, pero al salir de este descubrieron que Kadiga, que iba en el mismo caballo que Hussein Baba, había desaparecido... Se sabe de ella que fue recogida por un pescador y llevada a tierras cristianas, donde recibió las mejores atenciones que una anciana puede desear.

De Zorahaida dicen que se arrepintió de no haber huido pues su padre, al descubrir la fuga de sus hermanas, la encerró en la torre y de ella no volvió a salir, pues la pena por abandonar a quienes más quería la llevó a la muerte. 

Cuentan que su espíritu estuvo un tiempo en ella hasta que...  

¿Pero qué estoy haciendo? Esta es otra historia para la que tendréis que esperar pues Samhain se acerca y otra leyenda que no tiene relación con esta he decidido contar.


P.D.: vuelvo a dar las gracias a Sandra por permitirme poner la foto que ilustra la entrada y recordad que en unos días por nuestro mundo volverán a vagar con libertad aquellos que en su tiempo nos dejaron y no han podido marchar...